Ahora sé cómo miras y cada cuánto te gusta pestañar. Sé cómo caminas y cómo te gusta sentarte. Ya no sos más el que yo quería que fueras, ya sos vos. El que me regaló muy pocos momentos de la tarde con mi pelo suelto, el que por un segundo me miró a los labios y me hizo perder lo que venía diciendo. Ahora sos real. Me arrinconas siendo vos y no puedo refugiarme en los tiempos de antes, no puedo seducirte con palabras pensadas, tengo que mostrarle a tus ojos que en lo espontaneo también puedo interesarles. Y hablo rápido, o me quedo callada, el término medio no aparece. Aunque soy buena simulando tranquilidad y naturaleza para charlar, también soy buena para desearte en silencio y aguantar las ganas de besarte. Eso me aniquila por dentro, pero no se nota.
La memoria no es selectiva e ignora mis necesidades, poco le importa ser el mismo hoy y empezar a borrarme el color de tus ojos y la linea de tu cuello. Tendré que inventarlos una vez más, y te volverás ideal una vez más. No me quedará otra que improvisar, sólo para que te descuides de nuevo y me mires a los labios, para verte caminar, para comprobar que sos real, para sentir que si nos llegamos a besar, va a ser sólo para que extrañarte me duela un poco más.
Hoy dejaste de ser ideal, ahora duele.
- Tutina
- Palermo, Cap Fed, Argentina
- Me gustan las noches cálidas, el chocolate amargo, comprar ropa, el olor de una habitación de hombre, el aroma verde, el sabor a cerveza en unos labios que besan con la delicadeza de la primera vez y la pasión de la experiencia. Deliciosa es la sensación de presión cuando dos pechos se funden, pero mas delicioso aun es sentir mis uñas rozando una espalda delineada. Me vuelve loca la picardía de una linda sonrisa y las miradas que te desnudan el alma. Me gusta que me traigan el desayuno a la cama, el olor a café recién hecho, y mas si es en taza grande. Inexplicable es la sensación que corre por mi cuerpo al escuchar Trance. Volar, sentir, llorar, sonreír. Me gusta pasar horas bajo la ducha sintiendo como el agua tibia recorre todo mi cuerpo y siento un enorme escalofrío cuando me enjabonan la espalda unas manos grandes, capaces de hacerme olvidar que existe un día mejor que no sea este.
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